martes, 5 de enero de 2016

El motor de los buenos negocios son las personas


Barranquilla está siendo pionera en emprendimiento, es necesaria de una formación ética de estos líderes emprendedores.
Dice un proverbio africano que “si quieres ir rápido camina solo, pero si quieres llegar lejos ve acompañado”. Muchas empresas están poniendo en práctica este mensaje y desarrollan equipos de trabajo confiables con los que puedan desarrollar buenas ideas. Es ahí cuando la ética se convierte en un factor diferenciador para hacer negocios y atraer clientes.

Este aspecto se hace mucho más necesario ante la coyuntura económica del mundo que tiene a varios países y empresas en crisis, pues su producción ha caído debido al recorte de la demanda.

Es por ello que la buena reputación es una clave para mantener la fidelidad de los clientes y seguir en el negocio. En Colombia, la preocupación creciente de las organizaciones que día a día trabajan para generar estrategias comerciales, no se detiene y se focaliza en crear lazos más fuertes al interior de la organización y con los diferentes grupos de interés.


En los negocios y en las empresas constantemente se entablan relaciones humanas de cooperación o intercambio, donde se ofrecen y se reciben cosas, explica Raúl Franchi, conferencista y consultor en temas de ética empresarial. Agrega que cuando estas relaciones se articulan en un marco de justicia, respetando lo que pertenece a cada individuo, es posible forjar relaciones sólidas y duraderas.

“Esto es básicamente lo que significa la ética en los negocios y en las empresas. Sin ella no hay forma de sostener las relaciones humanas, no hay confianza, no hay interés, no hay fines comunes. Conforme estos vínculos se estrechan, gracias a la ética, es posible alcanzar un mayor compromiso, motivación, productividad y resultados”, agrega.

En este sentido, Irene Chegwin, directora de la corporación Promotora de Excelencia Personal (PEP), expresa que la ética en los negocios es “la garantía que tienen las partes que intervienen en el negocio sobre la oportunidad de que se dé un verdadero gana-gana y que las partes sientan y sepan que hicieron un buen negocio”.

La ética en la sociedad tiene un papel trascendental puesto que se convierte en referente sobre lo que se puede y se debe hacer. “Los códigos de ética son una herramienta que cada vez cobra más importancia en las organizaciones, lo que impacta a los funcionarios de las empresas, sus accionistas, a todos los sectores de la empresa”, agrega Chegwin.

Tanto Chegwin como Franchi, coinciden citando el pensamiento de Aristóteles referente a la búsqueda del bienestar: “Cuando el hombre coloca los bienes económicos como fin último se parece más a las bestias. Los bienes económicos son medios de los fines últimos de los hombres”.


En este sentido los seres humanos sopesan lo que consideran más importante y son artífices de su propio destino y lo que son. Todo esto le da forma a través de los hábitos, que siendo positivos se transforman en virtudes. En materia empresarial, los hábitos pueden ser colectivos y trabajar por el impulso y virtud de los propósitos de la empresa.

“La primera cualidad de la ética es que debo ser consecuente con mis actos y tener muy claro dónde quiero ir. Las empresas deben pensar de esta manera para transmitirla a sus colaboradores”, aconseja Franchi.

El experto agrega que se podrían decir muchas cosas sobre el papel de la ética empresarial en la sociedad: en primer lugar, la empresa es la principal generadora de los tributos que sostienen a los gobiernos. Incluso, los tributos al consumo y al trabajo no existirían sin las empresas. En el marco del pacto social constitucional, este mecanismo sirve para redistribuir la riqueza y para garantizar seguridad a los ciudadanos, entre otras cosas.

Cuando esto no se da en la práctica, subsiste la marginación y crece la delincuencia, así que la ética empresarial clama por una mayor conciencia colectiva y una mayor exigencia por parte de aquellos que poseen un poder para promover el cambio social.

“En esencia se trata de pagar los tributos que dicta la Ley, tanto como exigir un manejo eficiente de los recursos públicos”, dice Franchi. Agrega que no hacer esto último constituye una falta ética tan grave como no pagar los tributos. “Me parece que, en este aspecto, las empresas tienen todavía mucho camino que andar. Más allá de la justicia tributaria, cuando esta no se da por cualquiera de las dos partes (empresas o gobierno) queda poco margen para hablar de cualquier otra cosa”.

Dentro de la ética, la virtud de la amistad debe imperar y tener claro que la empresa no es un campo de batalla. La falta de ética corporativa produce un solo resultado: la injusticia. Y esta puede derivar en relación con el cliente, cuando no obtiene lo justo; en los proveedores, cuando estos son explotados; en los colaboradores, cuando son “empleados” como un insumo más, cuando el trabajo es considerado una mercancía y cuando la dignidad humana no se reconoce; y, finalmente, se produce con los propietarios, cuando estos se enriquecen a costa de empobrecer a la empresa, sin reinvertir en ella.

Todo evidencia que en los negocios, la simple compra y venta va más allá del valor económico. Dentro del buen funcionamiento de un negocio sostenible es fundamental confiar entre las partes, y es ahí cuando la ética hace valer las personas que lo conforman.


Por: Roberto Luis Hernández

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