martes, 2 de febrero de 2016
"El dinero hace la felicidad" Dr. Raúl Franchi
El dinero es una fuente importante de felicidad porque es imprescindible para comer, para vestirnos, para adquirir medicamentos, para estudiar o vivir en una casa digna. Todos estos bienes son vehículos importantes para ser felices.
Resulta difícil (aunque no imposible) que un hambriento sea feliz, o que sea feliz quien está severamente enfermo, o quien vive en la calle. Vivir en una casa digna, comer ciertos alimentos o comprar medicinas son lujos para un tercio de la humanidad.
Pero una cosa es que estos bienes alejen el dolor y otra muy distinta que aseguren la felicidad. ¿Puede el dinero conducirnos a la felicidad? Este es el secreto: El dinero hay que ganarlo con esfuerzo, gastarlo con moderación, cuidarlo con inteligencia y compartirlo con el corazón.
Fue Aristóteles quien propuso estas cuatro fórmulas, hace más de 23 siglos. Dicho de otra manera, ha de haber proporción entre lo que se gana, lo que se gasta, lo que se ahorra y lo que se reparte. Encontrar las proporciones más bellas es propio de los artistas.
Quien cuida estas proporciones es un artista en el uso del dinero. Si la falta de dinero para lo indispensable puede entristecernos, poseer dinero no asegura que nos alegremos. El dinero no llena a nadie, lo que llena es el buen uso que le demos. En otras palabras, el fin del dinero no es poseer el mundo, sino vincularnos positivamente con el mundo.
Sirve para estrechar vínculos personales con los demás. Por el contrario quien no crea lazos se aísla y se envilece. Las relaciones humanas basadas en el dinero no son relaciones profundas, sino relaciones superficiales y de conveniencia. Estos lazos desaparecen cuando se acaba el dinero. Los únicos lazos permanentes son los que están basados en la amistad, o en el amor. Cuando hay entrega de dinero por amor, también hay sacrificio, hay desprendimiento.
Los demás lo saben, lo reconocen, lo admiran, lo aprecian. Para mucha gente es más fácil donar su sangre que desprenderse de su dinero. ¿Por qué, entonces, se dice que hay más gozo en el dar que en el recibir? Si esto es verdad, luego quien tiene más podrá gozar más.
El que tiene dinero puede gastarlo en sí mismo, ahorrarlo o darlo. Aristóteles propone que debe haber proporción en estas tres operaciones. El dinero compra títulos, pero no sabiduría; compra medicinas, pero no la salud; compra comodidades, pero no paz interior; provoca admiración o envidia, pero no compra el amor. El dinero no compra los bienes más importantes: la verdad, la belleza, la bondad o la felicidad. No compra la vida, aunque en ocasiones pudiera alargarla un poco. Pocos bienes hay tan queridos como la juventud y a esta no la compra el dinero. Compra, eso sí, arreglos cosméticos que deforman los rostros, arrebatándoles la dignidad de la vejez.
Para algunos, el dinero es tan importante que lo buscan por cualquier medio, incluso pasando por encima de la ley, o de los demás.
Esta gente, dijo Aristóteles, es como las bestias. “No distingue que el dinero es un medio para ser feliz, no un fin. El dinero por sí mismo jamás nos hará felices, pero es una buena ayuda cuando lo tenemos y sabemos cómo usarlo”.
Ética – Empresa y sociedad: Podríamos decir muchas cosas sobre el papel de la ética empresarial en la sociedad. En primer lugar, la empresa es la principal generadora de los tributos que sostienen a los gobiernos. Incluso los tributos al consumo y al trabajo no existirían sin la empresa. En el marco del pacto social constitucional, este mecanismo sirve para redistribuir la riqueza y para garantizar seguridad a los ciudadanos, entre otras cosas. Cuando esto no se da en la práctica, cuando subsiste la marginación y crece la delincuencia, la ética empresarial clama por una mayor conciencia colectiva y una mayor exigencia por parte de aquellos que poseen un poder ampliado para promover el cambio social positivo.
En esencia se trata de pagar los tributos que dicta la Ley, tanto como exigir un manejo eficiente de los recursos públicos. No hacer esto último constituye una falta ética tan grave como no pagar los tributos. Me parece que, en este aspecto, las empresas tienen todavía mucho camino que andar. Más allá de la justicia tributaria, cuando esta no se da por cualquiera de las dos partes: empresas o gobierno, queda poco margen para hablar de cualquier otra cosa. Conclusiones Para las organizaciones colombianas tengo el siguiente mensaje: Todo lo que hacen tiene el mismo propósito (y nadie me dirá lo contrario).
Este propósito es ser felices. Este propósito consiste en alcanzar una vida plena, lograda, equilibrada. Por tanto, mucho cuidado al servir a los dioses “prestigio”, “poder” y “posesiones” como fines y únicos medios para alcanzar el “placer”. Esto lo hacen quienes no tienen idea de lo que verdaderamente vale. En lugar de fines, considérenlos medios que disfrutarán muchísimo más en la medida en que los utilicen para alcanzar fines trascendentes, desprendidos, generosos, grandes… Conforme logren esto, serán más felices, condición que al final es lo que -en esencia- están buscando. Serán más felices porque no cifrarán su valor en el “tener”, sino en la calidad y profundidad de sus relaciones con los demás, especialmente la relación más importante: aquella que podemos sostener con el Creador.
Fuente: www.raulfranchi.com
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario